ENRIQUE YUNTA
BARCELONA. Asumido su nuevo rol en la parrilla, Fernando Alonso se hace más cercano ahora que lucha por rascar un par de puntitos con su R28. Es el mismo piloto, pero se le ve suelto, humano, bromista. Ha invertido la imagen de soberbia que le perseguía y, paradójicamente, se le quiere más una vez se ha liberado de la presión que le obligaba a ganar.
El asturiano estuvo ayer en la Universidad Politécnica de Barcelona, en donde compartió aula con un grupo de estudiantes convertidos en periodistas. Se le preguntó por el coche y sus mejoras y, aunque señaló que espera ganar «tres o cuatro décimas por vuelta» en Montmeló, reconoció que el equipo necesita puntuar en el «Circuit» si el año que viene se quiere apuntar más alto. «Es la peor situación que se nos podía dar esta temporada, pero en esa situación estamos».
Escoltado por Flavio Briatore y Emilio Botín, presidente de Universia y de Banco Santander, Alonso presentó unas becas que llevan su nombre, aunque a cualquiera se le quitan las ganas de estudiar y seguir el ejemplo del asturiano: «Tengo bastante tiempo libre. Cuando no estamos dentro del coche todo se resume en tiempo invertido en la preparación física, que son dos o tres horas. Pero esto es mejor que ocho horas en la oficina. A mí me quedan 21 horas de tiempo libre», resumió esbozando esa sonrisa tímida que tanto le caracteriza. Una vez más, reiteró su deseo de retirarse a los treinta y pocos años -tiene actualmente 26- y «seguir descansando como hasta ahora».

