El Papa reza en la Zona Cero por las víctimas del 11-S y «un futuro de paz»

Momento en el que el Papa llega a la Zona Cero, donde rezó y mantuvo un cálido encuentro con familiares de las víctimas del 11-S AP
Arrodillado y en absoluto silencio, el Papa rezó ayer durante un largo rato en la Zona Cero de las Torres Gemelas de Nueva York, antes de dirigir una conmovedora plegaria por los fallecidos, los supervivientes, las personas que acudieron a ayudar en medio de aquel desastre e, incluso, por quienes tienen «el corazón y la mente consumidos por el odio», para que superen su obcecación.
Benedicto XVI no acusó a nadie sino que rezó por todos al «Dios del amor», el «Dios de la paz», y el «Dios de la comprensión», en una plegaria ecuménica cualquiera que fuese la religión de las víctimas del World Trade Center, del Pentágono y del cuarto avión, estrellado en Pensilvania.
El Santo Padre encendió un cirio con bastante dificultad debido al fuerte viento, en una mañana de niebla fría que ocultaba los rascacielos y centraba la antención en el inmenso cráter que recuerda la tragedia.
Perdón a los terroristas
En su plegaria, el Papa rindió homenaje a los policías, bomberos, y a todos los que resultaron muertos o heridos mientras intentaban ayudar a otras personas. Benedicto XVI recordó incluso a los terroristas, pidiendo su conversión en una hermosa plegaria al «Dios de la paz»: «Concede tu paz a nuestro mundo violento, la paz en los corazones de todos los hombres y mujeres, la paz entre las naciones de la Tierra. Atrae a tu camino de amor a quienes tienen el corazón y la mente consumidos por el odio».
Al final, imploró consuelo y fortaleza, así como esperanza, pidiendo al «Dios de la comprensión», «la sabiduría y el coraje para trabajar sin descanso por un mundo en el que la verdadera paz y el amor reinen entre las naciones y en los corazones de todos».
Un mundo más pacífico y más humano es el mejor homenaje a las víctimas e incluso también la mejor derrota y la mejor lección a los criminales que cometieron la matanza del 11 de septiembre.
El Papa saludó a 24 representantes de familiares de las víctimas, supervivientes, bomberos, policías y miembros de la protección civil. Benedicto XVI escuchó a cada uno, y tuvo palabras de consuelo para muchos, mientras les acariciaba las manos en un momento de gran emoción. Intentaba que no se arrodillasen para besar su anillo y les ayudaba a levantarse, pues no había ido a ese lugar a recibir un homenaje sino a ofrecerlo.
El hijo de un gendarme
Si el día anterior había hecho notar a veinte mil muchachos que «mis años de juventud fueron echados a perder por un régimen siniestro», el nazismo, otros episodios biográficos se asomaban a su gesto de ayer. Quien saludaba a los policías era el hijo de un gendarme de Baviera, y quien consolaba a las víctimas había visto la destrucción de Munich por bombardeos aliados mientras era tan sólo un seminarista joven enrolado forzosamente en una batería antiaérea.
Quien sobrevive a un desastre o ve morir muchos inocentes es más sensible a cada víctima sin motivo, sabiendo que añadir nuevas muertes puede incluso envilecer las anteriores.
A una hora oportuna
Benedicto XVI escogió la hora de su visita a la Zona Cero (9.30 de la mañana en Nueva York, 15.30 de la tarde en Europa), muy cercana a la hora en que se produjeron los brutales atentados el fatídico 11 de septiembre de 2001, para que el mundo pudiese escuchar su plegaria de reconciliación. Demasiadas personas inocentes han muerto en Afganistán e Irak por lo que unos criminales hicieron en este lugar. Bin Laden quiere un siglo de violencia. Benedicto XVI quiere un siglo de paz.
La sonrisa abierta y agradecida del alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, trajo al Papa de nuevo a la realidad del calor humano que lo rodeaba. Pocas horas después, en la pista del aeropuerto Kennedy, el Santo Padre aseguraba que «mi visita de esta mañana a la Zona Cero permanecerá grabada para siempre en mi memoria, mientras continúo rezando por los que murieron y por todos los que sufrieron a causa de la tragedia».
«¡Dios bendiga América!»
Había compasión, pero no resentimiento sino deseos de un futuro sereno para la humanidad. El Santo Padre recordó su visita a las Naciones Unidas, y dirigió un llamamiento final «a todas las personas de buena voluntad en el mundo entero para que continúen trabajando sin descanso por la justicia y la coexistencia pacífica entre los pueblos y las naciones. ¡Dios bendiga América!».
GENEROSIDAD
«Atrae a tu camino de amor a quienes tienen el corazón y la mente consumidos por el odio»
PAZ Y AMOR
«Pido a Dios la sabiduría y el coraje para que el verdadero amor y la paz reinen en los corazones de todos»
EMOCIÓN Y RECUERDO
«Esta visita a la Zona Cero permanecerá grabada para siempre en mi memoria»
21/04/2008 11:56 Autor: casty. #.

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