Silvio Berlusconi gobernará por tercera vez Italia. La alianza de derecha que encabeza obtuvo una clara victoria en las dos Cámaras en las elecciones adelantadas celebradas el domingo y el lunes.
El partido Veltroni-Berlusconi jugado por el 80,4 por ciento de los italianos -3,5 puntos menos que en 2006-, acabó con un vaivén de Mediaset en bolsa. La jornada para la empresa de Silvio Berlusconi había empezado bien, al alza, pero a medida que se publicaban los primeros datos de las votaciones a las elecciones para la presidencia del Consejo italiano, y se veía cómo el partido del ex alcalde de Roma ganaba puntos, la bolsa que «compra con el rumor y vende con la noticia», iba cediendo.
Pero al final pasó lo que todos, al fin y al cabo, preveían. Silvio Berlusconi gracias a su alianza con la Liga Norte ganaba terreno, tanto que consiguió ponerse a la cabeza en la Cámara y en el Senado. En la de los Diputados la coalición del Cavaliere consiguió el premio de mayoría, con más de 340 diputados, frente a los 241 de Veltroni, mientras que en el Senado, la gran incertidumbre, Berlusconi conseguía casi treinta senadores más, una amplia mayoría.
Pero la sorpresa no fue sólo darle por tercera vez a Berlusconi el control de Italia, sino el poder que el partido independentista lombardo adquiere a partir de ahora. La Liga Norte de Umberto Bossi, aliada histórica de Silvio Berlusconi a pesar de tirarse de los pelos de vez en cuando, fue la sorpresa de los primeros resultados hechos públicos ayer tras el cierre de las urnas.
Radicalismo efectista
El partido independentista obtuvo un aumento de hasta tres puntos respecto a las elecciones de 2006, lo que significa que Silvio Berlusconi tendrá que darles algún que otro ministerio para gobernar con absoluta tranquilidad. Ya durante el viaje que ABC realizó por el norte de Italia, tuvo constancia de esta tendencia, sobre todo en los sectores más jóvenes de la población que veían en las palabras provocativas del líder nordista un lenguaje comprensible que les llevaba a actuar.
Y así fue, reaccionaron dando su voto a un partido que pide la sustitución del euro por una moneda nacional, mayor federalismo e independencia regional, control férreo de los inmigrantes, y que al aeropuerto milanés de Malpensa le sea devuelto el estatus de aeropuerto principal.
Este apoyo podría ser un arma de doble filo para el Cavaliere. Con la decisión de los italianos de darle una tercera oportunidad al duo Berlusconi-Bossi demuestran que el Cavaliere sigue sabiendo cómo venderse. A pesar de sus años, 71, y de sus achaques de salud (de los cuales nunca se habla), su imagen de empresario de éxito debe de gustar a los italianos, pero no a todos.
El partido del ex alcalde de Roma consiguió salir bien parado, no ganó -era de esperar-, pero no se quedó atrás y durante toda la tarde de ayer estuvo arañando puntos a su contrincante, tanto que a primera hora de la tarde el ambiente en la sede del partido era festivo, decayendo a medida que pasaban las horas y se daban cuenta del significado de los resultados finales. El punto más bajo se produjo a últimas horas de la tarde, cuando antes de que concluyera el escrutinio el propio Francesco Veltroni admitió su derrota.
El tirón mediático
En cambio en el Auditorio romano en el que se encontraban los seguidores de Silvio Berlusconi, faltaba el protagonista, que decidió a última hora quedarse en su casa, quien sabe si por miedo o para salir a la calle en territorio propio.
Para entender este resultado hay que analizar el tirón mediático del Cavaliere, además del desastre de la izquierda italiana. Silvio Berlusconi salió durante la campaña electoral en todos los medios, tanto que las autoridades de vigilancia televisiva tuvieron que dar un aviso a los canales, pero no sólo por las entrevistas, sino más bien por sus comentarios. Como cuando dijo que para salir de la precariedad económica lo mejor era casarse con su hijo, o cuando llegó a decir que la evasión fiscal estaba justificada. Pero sin duda la frase que convenció fue el anuncio hecho en la última entrevista de campaña electoral, y tras haber hablado Veltroni, de que eliminará el impuesto sobre coches y motos, y el de la primera casa. Con este tipo de promesas sí que convence.

